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Catastro Marqués de la Ensenada. Jaén (FamilySearch)

EL ARCHIVO HISTÓRICO DIOCESANO DE JAÉN.

EDIFICIO E INSTALACIONES

                           

 por Juan del ARCO MOYA

 

  Hasta que comenzó a generalizarse la construcción de edificios concebidos especialmente como depósitos de documentación, ya en el siglo XX, la norma fue instalar los grandes archivos en palacios, castillos, edificios religiosos, etc, habilitados para ello. El Archivo General de Simancas, creado por Carlos I, fue instalado en una fortaleza medieval. El Archivo General de Indias, creado en 1781 por Carlos III, fue ubicado en la Casa Lonja de Sevilla. El Archivo Histórico Nacional se instaló en 1866 en el madrileño edificio del Nuevo Rezado de los Jesuitas. El Archivo General Militar se estableció en 1898 en el Alcázar de Segovia. Todavía en el siglo XX, cuando hay muchos archivos construidos de nueva planta, se siguen utilizando edificios antiguos. En 1989 el Archivo Histórico Provincial de Jaén fue traslada­do al antiguo convento de Santa Catalina.

En el caso de los archivos de entidades aún vigentes que no fueron integrados en otros, permanecieron  y permanecen normalmente, en el mismo edificio de la institución productora. Es el caso de los municipales, a los cuales se suele destinar una dependencia dentro del edificio de la casa consistorial, y de los parroquiales.

La Iglesia es una institución, articulada a su vez en diversas instituciones, con una estructura jerarquizada. El núcleo básico de esta organiza­ción es la parroquia. Hasta que se inició la política de concentración de archivos eclesiásticos, éstos permanecían en el edificio de su institución. Actualmente, en algunos casos han sido agrupados en archivos históricos diocesanos.


 

Aunque hay edificios nuevos hechos para la reunión de los archivos eclesiásticos dependientes aún de la Iglesia, la mayoría de las veces, cuando éstos se han concentrado ha sido en catedrales, palacios episcopales, seminarios, etc., lugares normalmente espaciosos y con unas ciertas condiciones.

Probablemente dentro de la Iglesia, tan escasa de medios actualmente, no se haya planteado el debate sobre si se han de ubicar los archivos en edificios construidos con este fin, dotados por tanto desde su origen con todas las medidas necesarias para su seguridad, funcionalidad y para la consulta de la documentación, o por el contra­rio, se han de instalar en otros edificios antiguos, a los que hay que adaptar, en la medida de lo posible, a las necesidades actuales.

Cuando se creó el Archivo Histórico Diocesano de Jaén  tampoco se planteó este problema. Primero, porque era urgente dar una solución al estado en el que se encontraba la documentación, y segundo porque se tenía un edificio con unas características que podían responder a las necesidades planteadas. Además, la catedral contaba con una tradición archivística importante, ya que la mayor parte de la documentación que conforma el actual Archivo Histórico se encontra­ba en el edificio desde hacía mucho tiempo.

En la catedral de Jaén, por ser su lugar natural, se conservó desde siempre el Archivo Capitular, situado en la antesala y en la propia sala capitular, capilla de San Pedro de Osma. Por razones lógicas, la documentación emanada de este órgano de gobierno debía estar cerca del lugar de celebración de sus reuniones para la consulta por los miembros del Cabildo  y por la oficina de la Secretaría. Por otra parte, en 1623 el cardenal Moscoso y Sandoval fundaba un Archivo General para la diócesis con el fin de recoger la documen­tación ya tramitada de los  notarios apostólicos fallecidos de las audiencias eclesiásticas, y lo situaba, con el beneplácito del Cabildo, en la capilla del Juicio de la catedral, junto a la librería.

La documentación existente en la catedral sufrió diversos cambios de lugar, motivados en algunos casos por las obras necesarias para la terminación del templo, y en otros por circunstancias extraor­dinarias, como las ocurridas durante la última Guerra Civil (1936-1939), cuando algunos legajos del Archivo General fueron utilizados para amortiguar la caída de las campanas, tiradas desde la torre a la lonja catedralicia. Tras la contienda, parte de la documentación fue subida a las galerías altas del templo donde se habían deposita­do también trastos inservibles, escombros procedentes de reparaciones hechas en el edificio, etc.

El estado de organización era lamentable. Gracias a la labor de Juan Montijano Chica y de  José Antonio de Bonilla y Mir, y a la colabora­ción del recién creado Instituto de Estudios Giennenses, se comenzó a reorganizar la misma. Bonilla y Mir, director del citado Instituto, planteó la necesidad de adecuar las galerías altas de la catedral para establecer allí definitivamente el Archivo.

Las galerías altas constituyen un conjunto de salas y pasillos, de distintas dimensiones, situados sobre las capillas catedralicias, a una altura de catorce metros sobre el suelo del templo. Concebidas en su construcción no como lugar de archivo sino de tránsito, recorren las cuatro fachadas del edificio Aa manera de paso de ronda@, como indicaba el arquitecto restaurador Francisco de Paula López, con balcones que se abren al exterior y al interior. Se accedía a las mismas  por medio de cuatro escaleras. La denominada del beato fray Diego José de Cádiz, que arrancaba junto a la torre del mediodía (esta escalera se quitó para la instalación de un ascensor). Otra escalera, situada en esta misma fachada, arranca de la antesala de la sacristía y desemboca en la logia. La llamada escalera gótica, de caracol realizada en piedra, se inicia en una sala situada entre las capillas de San Fernando y San Eufrasio. La cuarta, también de caracol salvo su último tramo, sube junto a la torre del reloj. Estas dos últimas apenas se usan actualmen­te. Recorriendo parte de las fachadas laterales hay dos plantas intermedias en cada lado, de las que las superiores son utilizadas como dependencias del Archivo y de la Biblioteca.

Las galerías altas habían tenido diversas funciones a lo largo del tiempo. Según Ortega Sagrista y López Pérez su origen estuvo en facilitar la veneración del Santo Rostro a los numerosos peregrinos que acudían al templo. También en ellas estuvo la escuela catedralicia; sirvieron de estancia a los encargados de la vigilancia nocturna del edificio; como almacén de víveres, en septiembre de 1836, ante la llegada de las tropas carlistas de los generales Gómez y Cabrera, etc. Además, fueron  y son utilizadas para bendecir la ciudad y los campos con el Santo Rostro.

En junio de 1969, el arquitecto Francisco de Paula López Rivera elaboraba el proyecto de restauración de las galerías altas, teniendo en cuenta un objetivo principal: "conservar la entonación, huyendo de todo elemento extraño a la época". Comprendía la realización de obras, en una primera fase, desde la escalera del museo hasta llegar a la escalera gótica, incluyendo la magnífica logia de Vandelvira y planteando la posibilidad de establecer una "nueva ruta turística catedralicia". Tras conseguirse una primera subvención de la Caja de Ahorros de Ronda, se iniciaron las obras en 1972. Subvenciones posteriores de esta institución posibilitaron la extensión de la restauración al resto de las galerías y la instalación de un ascensor. En 1976 tomaba posesión como canónigo archivero José Melgares Raya. El 30 de octubre de 1977, aunque aun quedaban obras que realizar y mobiliario que adquirir, eran inauguradas las galerías altas. Las gestiones del nuevo canónigo archivero fueron decisivas para la completa terminación de las obras y la dotación de las estanterías necesarias. Asimismo inició una labor de recogida y organi­zación de toda la documentación, dispersa por los más diversos lugares del templo (capillas, sala capitular, galerías intermedias, osario, etc.). Más tarde se iniciaron las transferencias de los archivos parroquiales de la ciudad y de algunos de la diócesis.

Básicamente, las actuaciones que se llevaron a cabo  en el edificio fueron:

 

Restauración de la escalera del museo, al no ser "de la factura que tiene el templo en todos sus detalles". Se sustituyeron los antiguos peldaños por otros nuevos y se picó el yeso de las paredes, dejando al descubierto los sillares de piedra.

Demolición de la escalera llamada del beato fray Diego José de Cádiz para la instalación de un ascensor.

Limpieza de las salas.

Limpieza de los paramentos de sillería, quitando a algunos incluso el revestimiento de yeso que tenían, y rejuntado de los mismos con cemento.

Colocación de nuevo pavimento sobre el existente, con baldosa roja de barro de 40 x 40 cm. Sólo en una sala de las galerías altas se dejó el primitivo de ladrillo.

Se rebajaron los techos de las salas colocando cuartones de pino de sección rectangular con un rebaje para aprisionar las bovedillas de yeso que se hicieron.

Se colocaron en algunas salas puertas de madera de pino de flandes con herrajes del estilo de los existentes en otros lugares de la catedral.

Aunque se proyectó colocar una vidriera en la  arquería de la logia para cerrar este espacio, de forma que las columnas y arcos quedasen en el interior, acertadamente  no se llevó a cabo,  y  ésta  se  instaló  acotando sólo una parte de la logia, dejando libres los arcos.

Se hizo una estrecha escalera de madera para la subida al osario, encerrada en lo que parece un gran armario, también de madera.

Se pintaron las puertas nuevas y cuartones de pino con barniz ligeramente ahumado, las bovedillas de yeso con temple blanco y las puertas, ventanas y balcones existentes del mismo color que tenían.

Se puso una nueva instalación eléctrica, exterior, protegida por tubo metálico visto. Se colocaron grandes faroles de hierro forjado negro, en la línea del conjunto.

 

ÁREAS DEL ARCHIVO

 

La moderna teoría archivística establece la división del espacio de un archivo en varias áreas, cuyo número e incluso nombre varía según los distintos autores. Para algunos son tres las que se establecen: área reservada, a la que no tienen acceso los visitantes, área privada, en la que el acceso de los visitantes es restringido, y área pública, en la que el acceso es controlado. Para otros, aunque mantienen también distintos niveles de acceso, son dos las grandes áreas de un archivo, área de depósito y área de trabajo. Este planteamiento es el que seguiremos nosotros, por considerar más práctica la división en cuanto al uso que en cuanto al acceso.

La primera es un área donde se encuentra la documentación ya organizada y debidamente instalada. Debe estar separada del resto de las dependencias y su acceso totalmente prohibido al personal ajeno al archivo, pues lo contrario entraña numerosos riesgos (robo, cambio de sitio de la documentación, desorganización, incendio por acciones imprudentes como fumar, etc.).

La segunda, a su vez, tiene distintas zonas: zonas de acceso público, zonas de acceso restrin­gido y zonas de acceso prohibido. Las primeras vendrían a coincidir con los lugares del archivo destinados a sala de investigadores, sala de conferencias, sala de exposiciones, etc.

Las segundas, de acceso restringido, son aquellas dedicadas al personal del centro: oficinas, despachos de archiveros, etc. A ellas sólo acceden, además de las personas que allí trabajan, las que tienen que gestionar algo en estas dependencias (obtención de tarjeta de investiga­dor, consulta con el archivero, pago de tasas, etc.). Entendemos que habría que incluir aquí la sala de investigadores, pues el acceso a la misma sólo se permite a aquellos que poseen la tarjeta de investigador o un pase temporal. Las terceras las constituyen los locales destinados a trabajos técnicos: salas de clasificación, laboratorios de restauración o de microfilmación, etc.

Cuando un edificio se construye de nueva planta, es más fácil tener en cuenta estos elemen­tos, si el arquitecto que lo diseña y la administra­ción promotora hacen caso al archivero, lo que a veces no suele ocurrir. Un ejemplo de esta división en un edificio de nueva construcción lo tenemos en el Archivo General de la Administra­ción, en Alcalá de Henares. El problema se plantea realmente en la adaptación de edificios antiguos, cuando no siempre es posible adecuar la teoría a la realidad del edificio. Algunos, dentro de lo que cabe, presentan ciertas posibilidades: derribar muros interiores, dejar sólo los muros maestros y reedificar el resto, reforzar forjados, abrir nuevas puertas, mejorar los lugares de comunicación, etc.

En el caso del Archivo Histórico Diocesano de Jaén es necesario ajustar, dentro de lo posible, la teoría a la realidad del edificio, pues éste no admite ninguna modificación estructural. Debido a que tiene una disposición perimétrica en torno al templo y a que en su mayoría las salas son de paso, se produce la servidumbre de unas con respecto a otras y la intersección de las distintas áreas y zonas, con lo que algunas pierden parte de su esencia de restricción y prohibición. No es tampoco este Archivo el único en el que hay esta mezcolanza, pues se da el caso en otros donde estanterías con documentación aparecen en salas de lectura y de trabajo del archivero; ocurría todavía en los años cuarenta en el Archivo Histórico Nacional, y ocurre actualmente en el Archivo General de Indias. Este problema se intenta solucionar mediante la instalación de estanterías cerradas con llave, para impedir el acceso a las mismas por parte de personas ajenas. Además, éstas instalaciones son compartidas con la Biblioteca del Cabildo, y aunque para el profano son prácticamente la misma cosa, en realidad archivo y biblioteca son dos conceptos distintos, con un tratamiento documental distinto e incluso en este caso con responsables distintos.

 

ÁREA DE DEPÓSITO

 

El depósito constituye según Simonet Barrio el corazón del archivo.

Debido a que las galerías altas e intermedias son compartidas por el Archivo y en menor extensión por la Biblioteca podemos distinguir dos zonas en el depósito:

 

*Biblioteca.


 

a)Fondo bibliográfico antiguo. Situado en la Sala V, frente al despacho del archivero, reúne importantes obras. Las estante­rías, de madera de pino, están adosadas a la pared y tienen capacidad para 148’30 ml. En el centro de la sala se encuentra un mueble con vitrinas para la exposición de libros, documentos, sellos, etc. Las condiciones de iluminación natural no son muy buenas ya que la luz entra sólo por tres ventanas de tamaño mediano. Es a la vez sala de consulta de los libros contenidos en ella, por lo que se entremezclan en esta superficie una zona de depósito (de acceso prohibido), zona de consulta (de acceso restringido) y zona de exposición (de libre acceso).

 

b)Otros fondos bibliográficos.

Constituidos por las donaciones hechas por diferentes personas o instituciones a la Catedral. Destacan por su importancia la biblioteca del deán Agustín de la Fuente, y la del arcipreste Juan Montijano Chica. Se ubican en dos salas de las galerías altas: la que está contigua a la sala de conferencias, y la situada en la torre de Sur, donde se dice que habitó el beato fray Diego José de Cádiz. Además hay destinada a este fin una de las plantas intermedias del lado Norte. Hay también una sala en las galerías altas en la que se conserva la Gaceta de Madrid (actual BOE) con ejemplares desde la primera mitad del siglo XIX.

 

*Depósitos de documentos.

Estos depósitos ocupan gran parte de las galerías altas. Están orientados en su mayoría al Noreste y Noroeste y poseen un buen aislamiento lumínico (la luz natural que les llega pasa a través de los balcones exteriores y puede ser regulada por medio de los gruesos postigos de madera) y en menor medida térmico. Igual que ocurre con otras salas, la sala III, dedicada a depósito documental, es a la vez zona de tránsito, hacia el despacho del archivero, hacia la Biblioteca Capitular y hacia el resto del depósito.

Los techos son de bovedillas y cuartones de madera, su altura gira en torno a los 4’30 m de altura. El tejado, con teja árabe, tiene numerosas filtraciones y necesita constantes reparaciones.

Las estanterías son de dos tipos : de madera de pino y de chapa metálica. En ambos casos mantienen un espacio de seguridad de unos diez centímetros entre la balda más baja y el suelo.

Las estanterías de madera, o más concretamente, los armarios, pues tienen fondo y también puertas (de madera en la parte inferior y con cristales en las superiores) situados en las salas III, IV (Biblioteca Capitular),VI y VII, están dispuestos junto a la pared dejando libre el centro de las mismas. Quedan mejor ambientados con el carácter noble del edificio y aíslan del polvo la documentación, pero debido a su altura, unos cuatro metros, son muy poco funcionales, necesitándose grandes escaleras para acceder a las baldas más altas. Debido también a la longitud de las baldas, éstas tienden a abarquillarse.

En el resto de las salas las estanterías son de chapa metálica. Distinguimos cuatro modelos de este tipo de estanterías, de los que las más abundantes son las de los modelos 1 y 2. En todas las salas están junto al muro, lo que no facilita una buena aireación para la documentación, y en tres de ellas ocupan también el espacio central, dispuestas de forma doble. Las estanterías del modelo 1 y 2 suelen tener siete anaqueles por estante; sin embargo, en las que se disponen pegadas al muro la anchura de la balda es de 30 cm, y las cajas descansan en ella en sentido vertical (por la parte que tiene menos superficie); en las estanterías centrales la anchura es de 40 cm y las cajas descansan tumbadas, sobre la superficie intermedia. De esta forma, conteniendo la misma cantidad de cajas, los estantes centrales son más accesibles (pues se reduce el espacio entre baldas) que los laterales, que requieren el uso de escaleras para sus anaqueles más altos. En las salas inter­medias del lado septentrional encontramos también estantes con baldas de 40 cm, aunque con mayor distancia entre la altura de las baldas.

En las salas, debido a la disposición de las estanterías, no podemos hablar de pasillos de acceso o circulación y pasillos de servicio. Están los pasillos del propio edificio, que a veces se reducen hasta 70 cm., lo que dificulta el tránsito, y sólo se establecen algunos pasillos artificiales, que oscilan entre 1 m y 1’45 m, en aquellas salas en las que se ubican estantes en su parte central.


 

ÁREA DE TRABAJO.

 

- Zona de acceso público.

*Sala de Conferencias. Muy cerca de la salida del ascensor, por lo que su acceso no interfiere nada en el desarrollo de las tareas del Archivo, está la Sala de Conferencias, con capacidad actual para cincuenta personas. Podría considerarse además de exposición permanente pues en ella se encuentra la galería de cuadros de los obispos de la diócesis (Episcopologio). No recibe luz natural debido a que sus balcones  dan al interior del templo.

*Sala II. Está configurada como lugar de paso, de depósito, pues en ella se conservan grandes libros corales y libros litúrgicos en armarios cerrados, y como lugar de exposición, ya que aprovechando un hueco en el muro se colocó  un mueble expositor con seis baldas y una superficie de exposición  de 2’28 m2, en la que se exponen de forma permanente misales y otros libros impresos. No recibe luz natural. Igualmente se exponen en esta sala algunos muebles antiguos y enseres religiosos.

*Sala  V (fondo bibliográfico antiguo). En el centro de la misma hay un gran mueble expositor, en el que también se exponen de forma permanente, en una superficie de 10 m2, libros, libros corales, sellos y documentos.

 

- Zona de acceso restringido.

*Despacho del archivero. Situado en una de las esquinas de las galerías altas, en realidad es un lugar de paso hacia la Biblioteca Capitular y hacia los depósitos. Esto constituye un gran inconveniente ya que hay un continuo tránsito que estorba las tareas propias de este técnico. No obstante, dada la falta de personal de este centro, constituye una forma de ejercer el control de acceso a los mismos. En él se sitúa además la Biblioteca Auxiliar del Archivo.

*Sala de Investigadores. A ella se llega bien directamente por la escalera del museo o tras recorrer un largo pasillo y la logia, de la que formaba parte y quedó separada por una  gran vidriera. Tiene una superficie de 44’07 m2; la altura del techo es de 5 m y está orientada al Sur, por lo que, debido a la vidriera, las condiciones de iluminación natural son muy buenas, teniendo que regular a veces el exceso de luz por medio de unas grandes cortinas. Igualmente es idóneo el aislamiento de ruidos exteriores debido a la altura con respecto a la calle. Cuenta con cuatro mesas con capacidad para dieciséis investigadores. Desde el exterior, asomados a la arquería se dominan visualmente el cerro de Jabalcuz, el de la Pandera y en general la Sierra de Jaén y algunas zonas de la ciudad: es una vista impresionante.

 

- Zona de acceso prohibido.

*Sala de Clasificación. No existen salas propiamente de clasificación. Actualmente se ha habilitado una pequeña, de 27’47 m2, dentro de lo que son las zonas de depósito, sin luz natural, por lo que las condiciones de trabajo no son las más óptimas. El resto de los trabajos se hacen en las mismas salas del depósito.

 

           * * *

 

Para concluir diremos que hoy día, cuando continua el dilema entre ubicar un archivo en un edificio de nueva planta u ocupar otro antiguo, polémica en la que a veces lo que se debate es la salvación de una construcción o parte de la misma, es necesario valorar sabiamente las ventajas e inconvenientes de cada una de las dos opciones. En el caso del Archivo Histórico Diocesano de Jaén, aunque se presentan algunos problemas (los ya citados, además de otras servidumbres como el tener que acceder al mismo a través del templo y por consiguiente limitar su horario al de apertura y cierre del mismo) creemos que la instalación en las galerías altas fue  acertada, pues situada la catedral en el centro histórico y de fácil acceso, se ha conservado la documentación en su lugar natural, y al mismo tiempo ha servido para devolverles a las galerías altas su primitiva belleza, recuperando para la cultura un espacio singular desconocido al gran público giennense.